El santo era uno de los más queridos discípulos de San Gregorio el Decapoliti. De muy pequeño Juan comprendió la importancia de amar a Cristo y con este sentimiento en su corazón, fue que se acerco a San Gregorio el Decapolitano, quien lo ordeno monje para que él pueda luchar exclusivamente y obtener la salvación de su alma y la gloria del Dios. Juan iba progresando en la obediencia y trabajo espiritual, tal es así que San Gregorio, su padre espiritual, glorificaba a Dios por considerarlo digno de tener tan buen discípulo. Cuando San Gregorio falleció, Juan no quiso permanecer solo donde comenzó su vida espiritual, y busco fuentes espirituales más profundas para seguir creciendo, con las esperanzas puestas en la palabra de Dios que dicen: « Al que tenga sed le daré a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. » (Apocalipsis 21:6) Es decir, aquel que tuvo sed en su vida espiritual e intelectual, le entregare gratis agua de mi dichosa fuente de vida. Juan viajo por muchos lugares y ciudades incluyendo Jerusalén donde descanso en paz en el Monasterio de Jariton.




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