Nacido en el poblado sirio de Emesa, sirvió como sacristán primero en Beirut y luego en la iglesia catedral de Constantinopla, en tiempos del patriarca Eufemio (490-496 d. C.). Analfabeta y sin entrenamiento musical, era despreciado por ciertos clérigos educados. San Román oró con lágrimas a la Madre de Dios, y esta se le apareció en un sueño; entregándole un pedazo de papel, le ordenó que se lo comiera. El día siguiente era día de Navidad, y Román, subiendo al ambón, entonó con voz angelical el himno «Hoy la Virgen» [hoy el contaquio de la fiesta]. Todos se maravillaron por el contenido del himno y por la voz del cantor. Recibiendo así de la Madre de Dios el don poético, Román compuso más de mil contaquios. Entró a su descanso siendo diácono de la Gran Iglesia de Constantinopla [Hagia Sophia]. Se unió al coro de los ángeles en el 510 d. C.




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