San Juan el evangelista, queriendo mostrar al hombre que tiene el genuino Espíritu de Dios decía: “En esto pueden discernir quién tiene el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en cuerpo humano, es de Dios; (1ª Epist. De San Juan 4:2). Una de estas persona era San Estigios discípulo de San Juan el evangelista, probo reiteradamente en su vida, que era realmente persona del Jesucristo. Anunció con mucho valor la palabra de Dios, demolió muchos templos paganos, soportó muchos martirios y estuvo largo tiempo preso. Finalmente fue arrojado al fuego y luego a las bestias hambrientas donde la mano de Dios se hizo presente, una de esas bestia comenzó hablar con voz humana, y más asombrados quedaron al no verle ninguna herida después de tantos martirios. Por todas estas maravillas dejaron al Santo en libertad, en su ciudad Sebasti, donde entregó pacíficamente su Espíritu a Dios.




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