En el siglo quinto, probablemente, un hombre muy rico y generoso, llamado Sansón, fundó por su cuenta un gran hospital para los enfermos pobres de Constantinopla. Se dice que Sansón era médico y sacerdote y que se había consagrado a atender con inagotable solicitud, a los que sufrían en el cuerpo o en el alma. Durante su vida, se le honró con los títulos de “el hospitalario” y el “padre de los pobres” y, después de su muerte, se le veneró como a un santo. El hospital de Sansón quedó destruido hasta sus cimientos por un voraz incendio a principios del siglo sexto y, cincuenta años después de la conflagración, el emperador Justiniano emprendió su reconstrucción. En fechas posteriores, con increíble desprecio hacia las exigencias de la cronología, se hizo el intento de vincular a Sansón y a Justiniano como fundadores del hospital. Se trató de representar a San Sansón como un amigo del emperador, a quien había curado milagrosamente de una grave enfermedad y al que el propio Sansón, cuando Justiniano se ocupaba de construir la iglesia de la Santa Sabiduría, convenció para que edificara al mismo tiempo, un hospital para los pobres. Se afirma que el emperador accedió inmediatamente, porque tenía una gran deuda de gratitud con Sansón y éste no aceptaba otro pago más que la construcción del hospital. Pero en realidad, Sansón murió antes del año 500 y Justiniano ascendió al trono en el 527.




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